"Escribo para olvidar, ¿verdad? O quizás para que algún día, cuando piense que te he olvidado pueda volver al cajón donde voy a guardar estos papeles, y recordarte con mayor claridad, no lo sé".
"El dedo en el corazón" (Javier Giner, 2006)
Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
"Sonó el despertador. Se vistió con lo mínimo imprescindible para no sucumbir a las hostilidades climatológicas del invierno más desubicado que se recuerda y, con la tranquilidad de los que se saben supervivientes, se dispuso a dar una nueva oportunidad a ese mundo que nunca se la había concedido a él".
"La vida acaricia con dedos amorosos la piel tersa y suave, aún virgen, de Á. Todavía no ha experimentado en sus carnes que un instante, un imperceptible y minúsculo pedacito de tiempo, es más que suficiente para que las garras de la vida destrocen por completo el paraíso inocente de arrebatados amores adolescentes y amistades selladas con sangre que hasta ahora conforman toda su existencia".